Los quince adoradores que tomamos el avión el 16 de mayo rumbo a la isla conejera, sentimos que nuestra presencia en comunión de oraciones, aunque sólo fuera durante 3 días, servirá para consolidar las raíces y las ramas de ese árbol que en su día plantamos y regamos desde el Consejo Diocesano en Las Palmas de Gran Canaria.
Siguiendo con el tema de la crónica del viaje, hubo también momentos en los que tuvimos ciertos reveses con los conductores de las guaguas, debidos a que todos somos humanos y a veces nos equivocamos. Es inusual que todo salga al dedillo. Es normal, pues, que a veces surjan imprevistos. Pero en general, la acogida fue muy buena y fraterna. Por ello, una de las adoradoras de la Sección de San Ginés en Arrecife, no paraba de comentar en las reuniones informales, que habíamos tardado demasiado tiempo en visitarles desde esta isla de Gran Canaria. Pero como hace poco ha afirmado el sacerdote Ángel Espinosa de los Monteros, que sale en algún canal de Youtube, en Internet, “los adoradores somos los hijos consentidos de Jesús Eucaristía”. Y él da una serie de razones y citas bíblicas que lo confirman. Hablando de sacerdotes, el cariño y buen sentir del Párroco de San Ginés, D. Juan Carlos y también el que nos dio la charla, el venezolano D. Leonardo, fue excepcional y cercano, todo hay que decirlo.
Dice nuestro manual de adoración: “Que no se extinga la alabanza, ni una noche, ni una hora”. También solemos leer que el pueblo de Cristo es “asamblea santa y pueblo sacerdotal”.
Por tanto, nuestra tarea como adoradores de Jesús hecho Pan de Vida, quizás debería pasar desapercibida (sin hacer ningún alarde) pero al mismo tiempo dirigida a dar fruto y fruto en abundancia.
El rebaño de Cristo necesita muchas atenciones espirituales y mucha intercesión. Esto es para tomarlo en serio. Porque la vida humana se desarrolla entre mil quehaceres respecto a la rutina de cada día, pero nos tienta, a veces de manera feroz el desaliento y la desgana, la desidia y el conformismo. Un conformismo que realmente puede ser algo que se nos vuelva en contra. Algo que nos puede explotar en las manos. Y esto suele suceder en cualquier comunidad, en cualquier parroquia. No estamos hablando ni de la parroquia de San Ginés ni de otra en particular. Porque la desidia se abre paso, en cualquier parte. Los que estamos en contacto con varios movimientos seglares lo podemos palpar.
En definitivas cuentas, debemos estar siempre alerta, con la mirada y la confianza puesta en el Santísimo Sacramento del altar. Que Él es Quien todo lo puede.
Oswaldo Quintana Déniz
(22/05/2025)
