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El inmenso trabajo de un hombre, el Papa, y una mujer, María Santísima

E D I T O R I A L (Julio - Agosto / 2014)

 

   “¡Qué fácil – dicen algunos – es escribir! El papel aguanta todo lo que le echen…”. Y se quedan tan panchos. Los distintos papas que hemos ido conociendo, por ejemplo desde San Juan XXIII hasta nuestros días, han desarrollado una actividad intelectual colosal con sus encíclicas y exhortaciones apostólicas. Incluso el Papa Pío XII, incomprendido por muchos de sus detractores (injustificadamente, pues salvó de morir a miles de judíos según buenas fuentes) realizó una labor sorda con sus radiomensajes. Suena raro. Pero de él tenemos referencias de que si no hubiese “aparentado” (solo aparentado) ser neutral, tendría que haber tomado partido por los débiles de aquella terrible guerra oficialmente, con lo cual el resultado hubiera sido peor y la consecuencia, más muertes injustas.

   Volviendo al presente, el Papa Francisco está haciendo gala de una actividad febril, en lo que lleva de pontificado. Definitivamente, es el hombre que necesita esta Iglesia y este tiempo. Nuestro Obispo Francisco Cases anunció al llegar la Virgen del Pino a la Catedral, el pasado 31 de mayo, que al siguiente fin de semana, el domingo 8 de junio, el Papa, el Presidente de Israel y la máxima autoridad de Palestina, harán oración común en Roma, por la paz en Oriente Próximo. Con esto, espero que se acallen las muchas o pocas bocas que le acusan de cosas y tendencias políticas que nada tienen que ver con la realidad.

   Acompañemos en todo momento al Santo Padre con la oración que él ha pedido para sí mismo y su labor desde su elección en 2013.

   Pero hay una mujer que es la bendita entre las benditas. Y Ella es María. Si no fuera por guardar las formas, diría que está casi “omnipresente” en toda la Tierra. La solución a este verdadero misterio es que nuestra Madre del Cielo es ayudada por los ejércitos de ángeles que seguramente, Dios Padre ha dispuesto a su servicio. Como que es su criatura predilecta. Y Madre de Dios Hijo. En María no cabe el defecto o el error. Toda Ella es perfección y Amor maternal. Sigamos invocando a nuestra Bendita Madre en todo momento y digámosle que interceda por el representante de su Hijo en la Tierra.

 

O.Q.D. en nombre del CDANE

 

 

                         

“EL RINCÓN DE OSWALDO”

 

LA VIDA ES COMO UN VIAJE EN GUAGUA

 

   Una de estas noches pasadas, habiendo quedado traspuesto en un sillón, tuve el gozo de tener un sueño del que apenas guardo ligeros recuerdos. Pero bueno, intentaré plasmar algunas de las situaciones.

   Esta vez soñé que todos los años de mi vida ya vividos, y los que me quedan, transcurrían dentro de un autobús (o guagua). Durante la primera parte del trayecto, mis padres me vigilan constantemente para que no me pase nada en alguno de los frenazos. Y ya en ese primer trayecto, hay gente conocida que se baja del transporte en alguna parada (son los que se van al otro mundo con Dios). El viaje se presenta bastante largo. La cosa es que ningún viajero sabe exactamente cuánto durará. Va pasando el tiempo y voy cambiando de compañeros de viaje. Aunque en las horas nocturnas me acurruco con mis padres. Los nuevos compañeros solo son en horas de día. Son los compañeros del colegio. Los recuerdos están un poco embarullados, pues no recuerdo si salgo de la guagua para ir a clase o a mi propia casa a dormir. En fin, avanza el tiempo y me encuentro en la adolescencia. En esta época tengo compañeros de viaje de todo tipo: gente de mi edad, amigos de otras edades, primos y tíos, gente buena, gente no tan buena, mis padres continúan a mi lado, pero no tanto como antes, y, de repente, descubro a Jesús en los demás. Y también uno de los últimos buenos consejos de mi padre, antes de que empezara a padecer Alzheimer, fue cuando me dijo: “Acompáñame a adorar a este Gran Amigo”. ¡Cuál no fue mi sorpresa cuando comprobé que se trataba del mismo Jesús! La guagua había hecho una parada cerca de San Telmo. Supongo que cada parada era para escribir algún capítulo de mi vida, por muy corto que fuese.

   Entonces, de repente, entró en la guagua un tropel de gente nueva, que al parecer se iban a bajar en pocas paradas (comparando con cuándo me habían dicho mis padres que bajarían),… eran los adoradores nocturnos.

   Ahora, el conductor, por cierto, invisible pero en su puesto, iba más deprisa, a pesar de que había poca visibilidad. Debe ser que la guagua ya había entrado en el siglo XXI, llamado por San Juan Pablo II el siglo de las tinieblas espirituales. Yo rezaba a cada rato para que el chófer disminuyera la velocidad y para no tener ningún percance en el camino.

   Como todos ustedes comprenderán, esta guagua tiene como destino el Cielo. También se puede comparar con la travesía de la barca de San Pedro, que es la propia Iglesia. En esa barca de grandes dimensiones, cabemos todos. Una vez hice un cálculo teniendo en cuenta datos históricos estimados de la población humana en las sucesivas épocas, y creo que habremos vivido en este planeta unos 83.000 millones de personas, de las 7.000 y pico que convivimos actualmente aquí. Como se diría con vocablos actuales: “Realmente “una pasada”…

 

                                            Oswaldo Quintana Déniz (01-07-2014)

 

 

F R A S E S   Q U E   P R O D U C E N

T R A N Q U I L I D A D

 

 

1ª.- “Donde abundó el pecado, sobreabundará la gracia”.

 

   Esta frase, no recuerdo exactamente donde la leí. Creo que en las cartas del Nuevo Testamento. Ciertamente produce una gran tranquilidad, saber que por mucho que en un lugar (una casa, una ciudad, un país, etc.) tenga lugar el pecado en grandes cantidades, al final, siempre predominará el estado primitivo, cuando Adán y Eva fueron creados en el Paraíso, el estado de gracia. Por mucho que una persona esté erre que erre, tropezando en la misma piedra, siempre existirá una esperanza en los designios divinos. Designios de paz, salud espiritual y prosperidad.

 

 

2ª.- “Mientras que hay cosas imposibles para el hombre, para Dios no hay nada imposible” (de la Biblia)

 

   Seguro que existen casos de personas que, andando la vida, se van introduciendo en una espiral de odio o fracaso o frialdad espiritual, que parece no tener fin. Estas personas son miserables en grado sumo. Por ello, también o, mejor dicho, más aún, la misericordia del Señor tendrá piedad de él/ella si esta persona vuelve su vida y su mirada hacia Dios.

 

 

3ª.- “Aunque un alma fuera como un cadáver descomponiéndose, seguiría teniendo derecho a mi misericordia…” (Jesucristo a Sor Faustina Kowalska)

 

 

   Estamos ante un posible caso extremo. “Un cadáver descomponiéndose” es una metáfora que nos habla de la desolación total de una o varias almas. El ser humano abocado hoy día al pecado precisamente de considerar que nada es pecado, no rige bien sobre su mente, se bloquea fácilmente. ¿Cuál es la génesis de esta situación? El hecho de dar las espaldas a Dios. Hoy se nombra en un bar, o hablando con taxistas ateos, o con cualquier profesional del día a día, que Dios existe y además actúa, y la primera impresión que damos es de sorpresa. Luego el oyente se retrata: o es blanco o es negro, y no hablo de razas. Hemos dado origen a una cultura egocentrista, ateísta y en la cual las oscuridades y el mal se multiplican día tras día. Personalmente, creo que Dios siente pena y desdicha por esta humanidad tan desordenada. Pero tiempo al tiempo. De alguna manera, todo lo bueno está calculado para derrotar definitivamente al mal.

 

4º.- “Al final, mi Inmaculado Corazón triunfará”

 

   La Virgen María, siempre presente en los desajustes de la humanidad, se ha aparecido infinidad de veces a distintos cristianos. Hasta en Japón escuché una vez que una imagen suya lloró sangre. En Egipto a los coptos, en Venezuela, en Bélgica, en Lourdes, en Fátima, … ¿y en España? En todas las autonomías. Y en las siete Islas Canarias.

   Razón tuvo San Juan Pablo II cuando se despidió de los españoles en su último viaje, diciendo: “Hasta siempre, tierra de María”. Y Ella misma ha dicho que triunfará “al final”. Como debe ser. Así se demuestra que Dios Padre se mira en los preciosos ojos de María, Madre suya, para rescatar a la humanidad perdida. Sea cuando sea ese final, esta frase también produce sosiego al que la oye.

 

                                                       Oswaldo Quintana Déniz (Julio - Agosto / 2014)

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