El salmo nos invita: “Caminaré en presencia del Señor”. Si así procuramos que sea nuestra vida, de seguro que, aunque no lo notemos, será muy fecunda. Nos mantendremos en esa presencia del Señor intensificando la oración, profundizando en la Palabra de Dios, actuando caritativamente con los hermanos.
Llega el verano. De seguro que hacemos nuestros planes. Es normal. Ahora bien, ¿en esos planes entran esa intensificación en la oración, en el encuentro con la Palabra y en el compartir ratos, cercanía, diálogo… con los hermanos?
La vida no se ritualiza, se vive y se vive compartiéndola. Tenemos una gran oportunidad para que, en nuestros planes de verano entre una mayor comunicación y preocupación por los demás. No se trata de hacer grandes cosas, sino de sacarle jugo a la vida compartiéndola. Y esto en la presencia del Señor, contando con su fuerza y dejándonos conducir por su Espíritu. ¿A quién vas a visitar? ¿Con quién o quienes vas a compartir algún ratito de tu vida? El Señor nos sigue llamando y enviando a llevar la Buena Noticia, el Evangelio. Y, sobre todo con el testimonio de nuestra vida. Ánimo, el Señor está con nosotros y estamos alegres. En su nombre marcharemos.
Rvdo. D. Antonio Perera Pérez
Consiliario Diocesano de AN

Carta: Amar es vivir y vivir es amar (Carta del Consiliario)
Hermanos: por la gracia y misericordia de Dios, seguimos disfrutando de la vida como el gran regalo. Con esta vida podemos hacer un bien extraordinario si, a ejemplo del Señor Jesús, nos ponemos libremente en manos de Dios –dador de vida- para servir a los hermanos. Cuando la vida se dona, se entrega, crece, es fecunda y da frutos. Cuando nos encerramos en nosotros mismos, morimos, nos incapacitamos para hacer el bien, tendemos a buscar nuestros propios intereses, nuestras apetencias, nuestros caprichos.