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Dios que te creo sin ti, no te salvara sin ti

Lo magnífico de estar vivos, la magnificencia de disfrutar de todo lo que proviene de la Creación del Señor Dios Omnipotente, a pesar del considerable deterioro por el paso de los siglos y la acción del hombre, es que somos hijos de Él. Considerados por Él desde los principios como la obra maestra de su fuerza creadora, no ha parado de favorecernos, con hechos evidentes cuyo culmen resultó ser cuando la muerte fue vencida por Nuestro Señor Jesucristo. Al mismo tiempo, esa fue la derrota real y total de la serpiente antigua, que en mala hora osó revolverse contra Dios.   

Es imposible sondear a Dios. A veces puede que le sintamos más o menos cerca, o incluso andar en sintonía con Él… ¿pero sondearle? Olvídense. Quizás las almas eruditas y llenas de santidad puedan ser capaces de sentir respecto a sus propias vidas, lo que Dios quiere de ellas. Eso como máximo. Pero a fin de cuentas, no hay necesidad de meterse en camisa de once varas, es decir, como dice Jesús en ese pasaje de su predicación, “lo demás se os dará por añadidura…”. Así se impone la confianza en que lo que vendrá, seguramente “vendrá”, por la gracia de Dios, a los que tengan sus nombres escritos en el Libro de la Vida. Que nadie se desilusione ni se engañe. Los escritos en el Libro de la Vida son los que incesantemente buscan a Dios, buscan agradar a Dios, aunque en un tiempo no lo hicieran. Simplemente, acudir al Sacramento de la reconciliación, renueva la santidad del alma.

Es más, en el Padrenuestro decimos “venga a nosotros tu Reino”. Lo cual lleva parte de la humanidad pidiendo desde hace unos dos mil y tantos años. Bueno, dos mil años se cumplirán en el 2033, que será la conmemoración de los dos mil años de la Última Cena de Jesús y sus Apóstoles. Puede que sea algo grandioso esa celebración. Un servidor se pregunta si ya habrá comenzado la paz milenaria… quince años quedan.

Así todo, lo que mejor haremos será dejar todo en sus santas y venerables manos. Abandonar todo a Cristo y a nuestra Madre. Cuando esto del abandono no se produce, realmente nos va mal. Agarrados a Ellos, mediante las virtudes teologales, como decía mi padre: “Todo como una balsa de aceite”.

Oswaldo Quintana Déniz (01-11-2017)

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